jueves, 13 de junio de 2013

vichysoisse ligera

Esta es una crema que se puede tomar en frío y en caliente.

Pochamos en la olla con un poco de aceite 10 puerros pequeños, media cebolla y 2 o 3 patatas. Añadimos un litro de agua y un vaso de leche y la cerramos. Tenemos la verdura cociendo 20 minutos y la trituramos.

Para decorar, cogemos la parte verde de los puerros y la freímos en aceite muy caliente. Lo escurrimos bien y lo secamos con papel de cocina para quitarle la grasa.




martes, 4 de junio de 2013

garbanzos con espinacas y bacalao

Dejamos los garbanzos a remojo el día anterior. Los cocemos en la olla con algo de cebolla, puerros y zanahorias al gusto (yo los tengo unos 40 minutos).Con agua abundante, un chorrito de aceite de oliva y sal. El caldo y las verduras los separo, los trituro y ya tengo un litro de sopa para las cenas.

Las espinacas las compro frescas, en bolsas listas para cocinar (no hay que lavarlas, muy práctico). Con una bolsa vale. Las salteo con dos o tres dientes de ajo y una cucharada de aceite en un wok hasta que están blanditas. Retiro las espinacas y en el mismo wok salteo el bacalao previamente desalado.

Ya está todo hecho. Ponemos en el plato un poco de cada cosa, al gusto del consumidor. Es un plato muy rico y muy completo.



viernes, 31 de mayo de 2013

En la última consulta hablé con la psicóloga sobre mis círculos y cómo la fastidio siempre cuando mejor parece que estoy, que hasta he perdido 200 gramos y qué entusiasmo y tal y tal. Cuando empecé a escribir este blog estaba en la fase mágica del tratamiento: había perdido 5 kilitos (que me sobraban), llevaba meses sin vomitar ni atracarme, me veía estupenda y me sentía como si nunca hubiera estado en el lado oscuro.

Ya hace más de un año que me quitaron el Topamax y que volvieron los apetitos. Ha sido difícil ver cómo recuperaba el peso que tenía antes de empezar el tratamiento, ver que la ropa nueva ya no me valía, tener que bajar la vieja del camarote. En todo este tiempo no he renunciado a intentar conservar el "peso Topamax". Me decía a mí misma que basta con seguir comiendo las "raciones Topamax", o sea, comer de todo a menudo y en pequeñas cantidades. Muy sano y efectivo. Pero mis ganas de comer y mis compulsiones otra vez formaban parte de la pelea. Y la pelea se ha traducido en esos círculos en que me empeño en meterme para estar más sana y delgada, y que cuando lo hago muy bien, cuando mejor lo estoy haciendo, llega la intolerancia al fracaso (a haber comido un poquito de más) y el vómito o el alamierda completo.

Así que he empezado una pelea nueva, a ver si buscando una zona ni muy alta ni muy baja, consigo mantenerme en ella y sentirme preparada para el adiós definitivo al vómito. Todos los días como normal tirando a ligero, pero todos los días me como un trozo de pan a deshoras (mi pelea con el pan, qué obsesión) o una galleta, o las dos cosas. No me caliento la cabeza con la idea de no comer nada de más en todo el día, para ponerme feliz y animosa y que me dure unas horas y luego cagarla. No estoy feliz ni animosa, me veo gorda, y lo compenso haciendo más deporte que habitualmente.

En estas dos semanas de no-círculos, de ir un poco demasiado pegada al suelo pero al menos estable, me felicito por dos cosas: esta mañana peso un kilo menos que hace dos semanas (superfundamental, ya sabemos que antes muerta que gorda etc.). Y en serio, hoy que ha sido un día propicio para atracarme, no lo he hecho. Tenía todos los boletos (estar sola, tener un montón de cosas ricas a mano y a la vez, ganas locas de probarlas todas) y no he caído. Creo que confirma mi teoría de que no me conviene que se me suba mucho el pavo para no caerme de muy arriba. De momento llevo el contador a 0 tropezones desde la última consulta. A ver si llegamos así a la siguiente.

jueves, 2 de mayo de 2013

patatas sin chorizo

Una receta muy sabrosa y típica de por aquí son las patatas con chorizo. Para evitar el exceso de grasa y el mal rollo que me da el chorizo, preparo una receta igualmente sabrosa pero mucho más ligera.

Se pica una cebolla, un pimiento verde, una zanahoria y un par de dientes de ajo y se pocha muy bien con un poco de aceite y sal. Cuando coge un color dorado, se añaden 4 o 5 patatas, 2 pimientos secos dulces y una hojita de laurel. Se cubre con agua y se deja cocer hasta que estén hechas y el caldo gordito.

lunes, 29 de abril de 2013

en círculos

Encima de la mesa de mi psicóloga hay una nota que habla (no me lo sé textualmente) de pasar del círculo vicioso al círculo virtuoso. Supongo que la vida de una bulímica no se diferencia en esto de la de cualquier otra persona que vive en una pelea. En mi caso paso de uno a otro constantemente, me encaramo al círculo virtuoso para caer de nuevo en el vicioso y volver a levantarme.

Me he dado cuenta de que es más fácil caerse de la parte de arriba del círculo virtuoso. Empiezo una mañana llena de energía, me levanto pronto y hago ejercicio intensivo durante más de una hora. Me tomo una infusión y me pongo a estudiar y no son ni las 9.30. Soy un crack! Me siento en forma, activa, puedo con todo. Si sigo así no sólo voy a caber pronto de nuevo en mis pantalones de hace dos veranos, además seré la mejor de clase y encontraré trabajo pronto. Llevo un par de días que aprovecho el tiempo, no pico nada, no me pongo tibia de pan y hago deporte a tope. Bueno, un descanso. Son las 12, voy a preparar la comida, dejo los libros. No puedo evitar, como tantos días, comer un poco de pan mientras trasteo en la cocina. No es más que un poco, no pasa nada, no voy a hacer un alamierda.

Pero hoy sí pasa. Me he comido un trozo bueno. Joder, esto no puede ser. Hoy no. Mis expectativas estaban demasiado altas para quedarme como estoy ahora mismo, no puedo aguantar la sensación de haberme pasado tanto. ¿Cómo le he hecho? A la mierda.

Después de vomitar qué bajón. Hombre, estoy mejor que con la tripa llena pero qué mal. Además al rato tengo hambre, así que un poco de fruta. Y pan (¿será posible?) Siento que peso 10 kilos más que esta mañana. Y no tengo ganas de hacer nada. Hoy me voy a la cama pronto.

Me levanto en el círculo vicioso: ya empiezo mal, he desayunado demasiado. Ala, paciencia. Estudio pero me doy paseos del estudio a la cocina y no me concentro. Qué mañana más tonta. Y me pesa todo. Creo que no voy a ir esta tarde a aprender a patinar. Me duele... no sé, algo.

Pero sé que es una oportunidad para volver al círculo virtuoso del que me caí, y hago un pacto conmigo misma. Voy a ir un rato, aunque luego me escape con alguna excusa, al menos salgo de casa. A ver qué tal. Total que voy y me divierto, y sudo. Y me pregunto si me atreveré a volver a casa con los patines. Tal como estoy con las pintas, el casco, mi torpeza y el miedo. Siempre puedo quitármelos si veo que me pongo en peligro a mí misma o a alguien.

He llegado a casa. Me he caído una vez, he visto a alguno reírse, los coches paraban a 100m de mí por si acaso, un show. Pero he salido a la calle con mis patines por primera vez y estoy flipando. Me siento mejor, soy un crack. Hoy ceno un plato bueno de ensalada con salmón ahumado y no como pan. Qué a gusto y qué fácil una vez que he entrado de nuevo en el círculo bueno. A ver si no me caigo.  

El estado mejor es en el que no tengo que pelear entre los círculos. Después de 2 años ya hay bastantes días en que lo veo, lo siento, vivo así: ni soy un crack ni una piltrafa. No corro la maratón pero corro. Me paso con el pan pero sólo un poco porque no se me sube la culpa y me obliga a hacer un ALM. No adelgazo pero no engordo. Tengo que olvidar aquellos pantalones pero estos tampoco me quedan mal. Y aprovecho mi tiempo y me relajo. Este estado, sería el mar en calma entre dos círculos, o tal vez sea el principio del subidón que me lleva a trepar por el círculo virtuoso, porque puedo, porque yo lo valgo, hasta que me caigo.

Bueno, estoy aprendiendo a surfear.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

vocabulario muy técnico

Hacer un alamierda: Dícese de cuando, una vez alcanzado el momento en el que constatamos que nos hemos pasado comiendo, decidimos que ya da lo mismo, que hay que echarlo de todas formas, que no hay remedio así que, ya que estamos, vamos a comer un poco más, y si es dulce y malo mejor.

sábado, 10 de noviembre de 2012

ensaladas de otoño con granada

De la granada dicen que es una superfruta: tiene un montón de popiedades nutritivas. Contiene unas 65 cal/100g, es rica en pectina, flavonas, vitaminas E, C, B1, B2, B3, B9, fósforo, cobre, hierro, cinc, calcio y muy rica en manganeso y potasio.

Es muy rica en polifenoles, eficaces antioxidantes y buenos para proteger las paredes arteriales, la digestión y el sistema inmunológico. Se le atribuyen efectos sobre el asma, la fiebre, las enfermedades cardiovasculares, la retención de líquidos, la hipertensión y la arterioesclerosis.

Ahora es la época, y me han llegado a casa unas cuantas, y encima acompañadas de escarolas recién cortadas de la huerta. ¡Toma! Lo primero que había que hacer era lo obvio: una buena ensalada de temporada. Tan simple como coger unas hojas de escarola, completar con rúcula, canónigos o lo que tengas de verde en la nevera, y añadir el toque diferencial: abundantes granos de granada, un diente de ajo picado muy pequeño y un par de nueces picadas. Aliñar al gusto con sal, aceite de oliva virgen y vinagre de módena (va genial también la de manzana).


Cada temporada la naturaleza nos ofrece diferentes joyas que hay que aprovechar siempre. Esta es una ensalada de lo más típica, pero es el momento de añadir frutas como la granada y verduras como la escarola en todas las combinaciones que se nos puedan ocurrir. Que luego las echamos de menos el resto del año. 

lunes, 22 de octubre de 2012

pecar con la mano izquierda

En mi última sesión prometí a mi psicóloga que iba a hacer un experimento: que todo lo que fuera pecado lo haría con la mano izquierda.

En realidad se trata de un pacto que consiste en que todas las ingestas de comida que no fueran dentro de las cinco comidas diarias programadas, que estén fuera de lo que según mi propio criterio sea correcto, las realice sólo con la izquierda. Es decir para los picoteos que me fastidia haber picado, los atracones que me pesan, incluso si me provoco un vómito para aligerarme, para cualquier cosa de las que luego me hacen darme cabezazos con la pared por estúpida, incluso para limpiar si la lío, sólo puedo usar la mano izquierda.

Llevo unos días ejemplares en mi conducta alimentaria. La izquierda es incómoda y te hace ser consciente de lo que está haciendo, y he prometido no hacerlo de otra forma. Bueno, en realidad ya le he cogido el truco a la barra de pan (es fácil, la pillas con la izquierda y la muerdes sin más, qué bobada) pero ahora mismo me ha librado de un pinchazo seguro que probablemente estaría limpiando en vez de sentarme a escribir esto. Después de morder un pan seco un ratito me he imaginado a mí misma sacando cosas de la nevera o del armario con la izquierda, metiéndome en la boca los dedos de la mano izquierda y limpiando, y la verdad, me ha dado mucha pero mucha pereza.

Así que como el pan ya me lo he comido, me voy a patinar que llego tarde. Vamos que cambio de chip y a otra cosa. Mañana igual tengo una lorcilla más por el panazo que me he metido pero tendré una victoria en el expediente.


sábado, 6 de octubre de 2012

de la huerta al wok

Hoy tengo la nevera llena de regalos de la huerta y me he preparado una cena espectacular y de lo más simple. Lo más fácil es hacerlo en un wok, pero sirve cualquier cazuela grande que no se pegue.

Tenemos un puñado de vainas, una cebolla, una berenjena pequeña, medio calabacín que me sobró de un puré, unos champiñones y un pimiento verde. Si tienes alguna verdura más, son bienvenidas todas.

Simplemente cogemos todas las verduras en crudo y bien limpias, las cortamos en trocitos y las echamos al wok con un chorrito de aceite (muy poco) y un poco de sal. Las vamos meneando hasta que se pochan, según nuestro gusto. A mí me gustan no demasiado hechas, que estén un poco tiesas. Se remata con un chorro de salsa de soja, se da un par de vueltas más, y listo. Al plato.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

el teléfono

Suena el teléfono. ¿Diga? Buenas tardes, está el señor L.? ¿Es usted su esposa? Llamo de Endesa para Lo siento, no puedo atenderte ahora. ¿A qué hora le puedo llamar? No me llames.

Qué cruz. Son las 15.30 y me estaba echando una siestecita y ya me la han vuelto a fastidiar. Me quedo unos segundos parada acordándome de la desconocida familia de la teleoperadora desconocida que me ha sacado del limbo y me levanto y voy a la cocina a por un trozo de pan. 

Hace menos de una hora que he comido. Un revuelto de verduras al wok y un trozo de queso fresco con anchoillas. Como todos los días, es mi voluntad, o mi consciencia, la que tiene que insistir que ya es suficiente, que ya he terminado de comer. Todavía mi cerebro no lo sabe automáticamente. Mi sensor automático de saciedad todavía está estropeado. 

Pico un par de trozos antes de que mi yo consciente aparezca y diga ¡para! Me voy de la cocina y vuelvo y me vuelvo a marchar. Me siento unos segundos en el sofá para relajarme. ¡¡P. televentas!! Ya siento una necesidad imperiosa de seguir comiendo, abrir la nevera y darme un homenaje. Además es como si ya hubiera empezado, realmente no he comido casi nada pero la sensación es tanto de ganas de comer como de inevitabilidad, ya he empezado, ya he comido, ya estoy hasta un poco llena. Vacía y llena. Cómo explicarlo.

Me siento en la bici y me pongo a pedalear, hasta que se pasa el momento y puedo pensar en otra cosa. Prueba superada por hoy. 

domingo, 29 de abril de 2012

pochas con calamares

Las legumbres son un plato muy nutritivo y esta es una forma de comerlas muy sabrosa y sin nada de grasa.

Ingredientes:
pochas (en este caso congeladas)
aros de calamar
una cola de rape grande
una cebolla
ajos
perejil
almendras
un trozo de pan seco

Se pone en el fondo un poco de aceite y se sofríen unos segundos el rape en trozos y los aros de calamar. Se sacan y reservan. En ese mismo aceite se pocha la cebolla con dos o tres dientes de ajo. Cuando ya está hecho, se le echa un poco de pimentón y vino blanco. Se deja que se evapore el alcohol.

En un almirez se machaca un diente de ajo, perejil, tres o cuatro almendras y un trozo de pan seco (o un biscotte).

Cuando el vino blanco ya está listo, se añade un poco de caldo de pescado si hay. Si no, agua. Se echan las pochas y el picado del almirez, se mezcla bien con el caldo, y se dejan hacer unos 40 minutos, hasta que estén tiernas. Se añade agua si hace falta.





jueves, 12 de abril de 2012

sensación, pensamiento, conducta

Ayer tuve sesión con la psicóloga. Me habló del proceso por el que se llega a poner en marcha una conducta como es pegarse un atracón, o provocarse un vómito.

Primero es una sensación: puede ser una sensación de vacío, o de aburrimiento, que dispara el automatismo "¡hambre!¡comer!"; puede ser la sensación de plenitud después de haber comido, que dispara la alarma "¡demasiado! ¡llena! ¡gorda!".

Esta sensación provoca un pensamiento, el de hacer algo al respecto de esa sensación, y pone en marcha una conducta. Podemos pensar "voy a merendar" cuando sólo estamos aburridos, pero también podemos razonar que merendar no es lo que nos va a librar del desasosiego y que es mejor estudiar un rato. Podemos pensar "ya vale, ya he comido bastante" cuando estamos llenos, pero también podemos pensar "¡a la mierda! Ya total, voy a comer el postre gigante de chocolate, ya que voy a vomitar de todos modos...".

Al final, haremos lo que nos de la gana. Pero si dedicamos un momento de atención a identificar la sensación y a masticar el pensamiento, es mucho más fácil conseguir que la conducta que ponemos en marcha sea la correcta: la que no nos maltrata y sí nos cuida. A veces no nos damos cuenta y estamos ya en el tercer paso sin haber parado a sentir, a pensar.

Llevo un tiempo un poco despistada, como si mis sensaciones y pensamientos no fueran míos sino de otra persona. A la que tampoco hago mucho caso. Tengo que estar alerta a las sensaciones que puedan dar lugar a conductas automáticas, pararme a sentir y a pensar y no tirarme al charco del automatismo.

Después de tanto tiempo ya parecía que está la guerra vencida, pero no puedo despistarme. Así que retomo el blog y me invento una tabla de evaluación para mi registro de alimentos: la tabla SPC. Cada día pongo una nota a cada elemento: Sensación, Pensamiento, Conducta. Ayer: En estado de consciencia ampliada por la visita a la psicóloga, fue en general un día de sensaciones buenas, sin grandes ansiedades por meterme algo en la boca. Sólo al ponerme a hacer la cena, la barra de pan me miraba y me hacía ojitos. S8. Mi estado de alerta postpsicoterapia me ayudó a pararme a pensar en ello, "a ver, antes de comerte media barra mientras preparas la cena, ¿por qué no te vas comiendo una manzana?". P10. Y me comí la manzana y puse la cena y no me tiré al pan, o sea C10.

Ele, ele y ele. A lo mejor funciona. Simplemente para hacer durar un poco más el efecto estimulante de las terapia. Para no dejar de pensar en ello, porque mientras tanto está por aquí, y sólo si me despisto puede coger las riendas de mi conducta y estropearla.

sábado, 29 de octubre de 2011

el desayuno

No salgo de casa nunca sin meterme esto. Mi desayuno es siempre el mismo, sólo varía según la fruta de temporada. Ahora estoy con los últimos homenajes al melocotón de calanda: la frutera ya ha avisado de que no vienen más y parece que esta vez va en serio. Así que ya tengo los primeros kakis madurando en el armario. Y no nos podemos quejar este año, ¡todavía tengo un melón cojonudo en la nevera!

La base del desayuno, entonces, es una fruta de temporada, en este caso un melocotón de calanda troceado. Como son enormes, necesito más una ensaladera que un bol de desayuno. A esto le añado un yogur natural, muesli y otros cereales variados (palitos y copos integrales, avena...), un par de nueces, y ahora también avellanas porque hemos tenido cosecha reciente en el pueblo. También le echo una galleta, de capricho. Y para que no se haga un engrudo lo remojo con leche.


Y sí, me levanto media hora antes y merece la pena, porque es la comida del día que más disfruto y que más rica me sabe.

lunes, 24 de octubre de 2011

un año de tratamiento

Ya hace un año que salí del armario y empecé el tratamiento. Más o menos por estas fechas. Se puede decir que estoy de fábula. Como cosas que hace un año sería impensable que hubiera podido comer y mantener en mi cuerpo sin tener que sacarlas. Voy a comidas fuera y elijo los menús con sensatez, sin elegir la parte más grasienta de la carta y comer postre para luego escabullirme al baño sin remorderme la conciencia.

Porque la conciencia no es siempre una amiga. Tengo mala conciencia si como demasiado, y entonces tengo que vomitar. Pero también tengo mala conciencia si entre el atracón me he metido algún alimento saludable y lleno de vitaminas: por vomitarlo. Por eso, si salía a comer y veía que el desenlace iba a ser el previsto después de un banquete, lo que hacía era evitar desde el principio cualquier comida "buena". Nada de verdura o pescado. Ni probarlo, qué desperdicio.

Así que mis menús solían ser o sólo comida ligera que me diera pena echar (verdura, fruta, pescado, nada de salsas ni pan) o sólo cosas contundentes que me encantan y que no podía quedarme (carne, fritos, salsas, pasta, queso, chorizo...).

Cuando empezaba el atracón con conocimiento de causa solía ser feliz un rato mientras me ponía morada, me daba el ataque de mal rollo cuando me había llenado y me quedaba tranquila después de vomitar.

Cuando se trataba de comer comida "para quedármela", pasaba más apuros. Porque la línea que mi razón había trazado entre la buena comida y el atracón, el 'hasta aquí', llegaba bastante antes que mi disposición a dejar de comer. Y entre el 'un poquito más' y el 'a la mierda, ya me he pasado, ooooh vamos a pegarle al chorizo entonces', había un espacio muy pequeño y que además mi cerebro atravesaba como embotado y sin pensar.

A la mierda. Cuantas veces me he dicho esto sin palabras. Como soltar la cuerda con la que estás sujetando algo muy pesado y dejarlo caer. Y enseguida la liberación, el ratito feliz con las cosas más grasientas que tuviera a mano y luego el mal rollo, vomitar y quedarme tranquila... Aunque con una sombra en la cabeza, porque esta vez había empezado bien y no quería pegarme un atracón y he tirado un montón de comida buena por el retrete. Por esa sombra, a veces empezaba otra vez.

Ya hace un año que estoy en tratamiento y hoy he sentido la llamada del 'a la mierda'. El menú era una comida muy buena, con sopa de pescado y un trozo bueno de morcilla con pimientos. Pero me he comido media barra de pan en el proceso. Al volver a la oficina tenía deseos de comerme una pastelería entera y echar de paso la maldita barra de pan que me estaba agobiando en el estómago.

Bueno, está claro que mi vida ha cambiado. Hace un año no hubiera habido dudas sobre el desenlace de la comida de hoy. En realidad no hubiera salido con ella ni de casa. Sin embargo, hoy la mala conciencia de mi media barra de pan me ha durado un rato, he merendado una manzana y ahora simplemente intentaré quemar unas calorías haciendo algo de deporte antes de cenar. Mis ratitos felices con la comida, que los tengo, ya no me matan.

jueves, 20 de octubre de 2011

meriendilla con pechuga de pavo

Otra meriendilla con tortita de maiz como base. Hoy le he puesto unas rodajas de tomate fresco con un poco de sal, unas hojas de rúcula y un par de lonchas de pechuga de pavo (fiambre). Riquísimo.

mentes perversas

Me pasa este texto la psicóloga:

Las mujeres somos víctimas de un complot urdido por mentes perversas que se reúnen en un lugar secreto y deciden lo que ellos llaman "tendencias de moda". ¿Quiénes son?  ¿Cómo lo hacen? Yo me imagino que llega Paco Rabanne y dice: -Veo que este año se va a llevar el azul petróleo- y saltan a dúo Victorio y Lucchino: -Eso, y los jerséis sin mangas, pero de cuello alto, ¡que se jodan!

¡Y date por jodida! Porque la moda no es una industria. ¡Es una secta dirigida por maricas misóginos! Y de esos seres que nos odian ¿qué podemos esperar?

Realmente, yo me di cuenta del poder que tiene esta secta cuando intenté comprarme un vestido rojo. Parece fácil ¿verdad? Un vestido rojo. Pues no. ¡Porque las tiendas están en el ajo! Son los representantes de Dior en la tierra. Y claro, llego yo, y le digo a la dependienta:

-Buscaba un vestido rojo.
Y me suelta:
-¿Rojo? Este año no viene nada en rojo. Este año viene el azul petróleo.
-¿Y eso rojo de ahí?
-Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la saco.

Así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad. Porque, de repente, me veo diciendo:

-Vale, sácame uno azul petróleo de la 38.

Y en ese momento, la dependienta me mira como se mira un Seat Panda desde un todoterreno:
-¿La 38? Tú estarás entre la 40 y la 42.

Claro, yo la miré a ella como diciendo: 'Y tú estarás entre gilipollas y tonta del culo' pero le dije:
-Perdona, yo soy una 38.
-No, si ya. Pero este año viene la 38 ceñida, ¿sabes?

Ese es el segundo paso de la estrategia de la secta. Disminuir tu autoestima para poder dominarte mejor. Ahí, yo dije:
-Con esto no me pillan. ¡Yo me pruebo la 38 aunque me la tenga que meter a rosca!.

Y claro, te miras al espejo y ves lo que ves. Una morcilla. Una morcilla azul petróleo.

Y digo yo: si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por qué la talla 38 no es siempre la talla 38? Tú vas al Carrefour y la talla 38 se la puede poner King Africa; te vas a Versace y la 38 no se la pone ni Melody.

Total, que hice lo que hacemos todas: llevármelo. Sí, porque pensé lo que pensamos todas: 'Así me obligo a adelgazar.' 'Me obligo a adelgazar.' ¿Seremos idiotas? A las dos semanas te estás obligando a regalárselo a tu sobrina. ¡Es como comprarse unos zapatos del 34 para obligarte a que te encoja el pie!

Pero es que ese es otro de los síntomas de que estás entrando en la secta: someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque a veces, cuando todavía no estás abducida del todo, consigues tener un momento de lucidez y decir: 'No, no me lo llevo'. Y entonces, esa enviada del mal que es la dependienta te dice la frase definitiva:

-Llévatelo, no seas boba, ¡que lo puedes devolver!

¡Y lo compramos! Como lo puedes devolver... Eso es como comerte un trozo de moqueta: ¡como lo puedes devolver!

Así que volví a casa con mi vestido azul petróleo de la 38. Me lo pongo y le pregunto a mi marido:
-¿Cómo me queda?
-Pequeño.
-¿Sí? ¿Me marca mucho?
-Te va a hacer llagas.

Ahí me dije: 'Tere, modérate. Esta es otra prueba. La secta de la moda quiere que rompas lazos con tu entorno'. '¡No, no van a poder conmigo!'

Me lancé a la calle y no paré hasta que encontré el único vestido rojo que quedaba en toda la ciudad. Cuando lo vi, dije: 'Me lo compro! ¡Que le den a Paco Rabanne! Y que Victorio le dé a Lucchino...' ¡Ja! Y salí de la tienda triunfante, con mi vestido rojo. Pero la alegría me duró dos escaparates.

Es algo que nos pasa a todas las mujeres. De repente, se te viene el mundo encima: ´Coño, y qué hago yo con un vestido rojo, si este año se lleva el azul petróleo...' Oye, que no pude pegar ojo en toda la noche.

Tuve unas pesadillas... Estaba yo en una misa negra, atada de pies y manos, y los grandes gurús de la moda, rodeándome como en Poltergeist: 'Tereee. Veeeen hacia el glamouuuuur'
Total, que me desperté empapada en sudor y dije: '¡Vale, está bien! ¡Me rindo!' Me unté entera de vaselina para que me entrara el traje y me presenté en la boda de mi amiga Jesi vestida de azul petróleo.

Cuando llegué a la iglesia me encontré con que íbamos todas iguales... Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo pérsico. Ahí te das cuenta de que te han captado, has entrado en la secta, y a partir de ese momento honraras a Victorio y a Lucchino, no nombrarás a a Chanel en vano y amarás a Dior sobre todas las cosas.

PD. ¿¿Alguien me puede explicar que coño es el color 'azul petróleo'?? Tardé siglos en comprender que las cosas pueden ser de color buganvilla, ¡no me jodáis ahora con el petróleo por favor! ¡El petróleo es negro como los cojones de un grillo!

martes, 18 de octubre de 2011

ensalada del mar II

Esta es otra ensalada que sirve como plato único, para una comida o una cena completas y sin mala conciencia. Lleva hojas verdes (lechuga, rúcula, canónigo, berros... lo que tengamos a mano); una tajada de merluza, aros de calamar y pimientos del piquillo, todos pasados por la sartén con un poco de ajo, y un cuarto de aguacate por persona. Es una buena solución tener meluza congelada: compramos una entera en lomos, la cortamos en raciones y envolvemos cada una en papel film y al congelador, para sacarla cuando convenga. Los aros de calamar los compramos congelados. Así no cuesta nada preparar este plato cualquier día que llegas a casa y no tienes nada para comer. El aliño al gusto, con semillas, levadura de cerveza, vinagre balsámica y aceite de oliva...

lunes, 17 de octubre de 2011

calma

Ya llevamos casi una hora debajo del agua. Todavía queda aire y a esta profundidad (unos cinco metros) parece que no se va a acabar nunca. El fondo de coral está a un metro por debajo de mí y con esta luz se distinguen perfectamente los colores. Delante de mí y a mi alrededor el arrecife sube hasta casi tocar la superficie, como los palcos de un teatro multicolor. Los rayos de sol entran oblicuamente haciendo luces y sombras y se reflejan en las nubes de pez cristal, como millones de espejos. Grupos de peces muy diversos pasan por delante, encima y debajo de mí; es como si yo no existiera. Los peces rojos son tan abundantes que se diría que la luz es de ese color. El agua tiene un brillo dorado por el sol.

Aunque más abajo, hace un rato tenía frío, aquí el sol calienta, reconforta. El resto del grupo anda por aquí, al alcance de la vista, pero ya no vamos a ningún sitio, ya sólo queda gastar el aire disfrutando de la ingravidez y del paisaje, y estamos dispersos, nadie te pasa rozando, no hay corriente.

Me quedo quieta un poco echada hacia atrás, como si estuviera en un columpio viendo el paisaje. Nada tira de mí hacia arriba ni hacia abajo. Aquí no hay gravedad y la calma es total. Sólo se oye mi propia respiración. Luz, color, miles de peces, y yo no estoy. Sólo la calma. Una profunda alegría que cosquillea en el estómago. Alegría y calma.

sábado, 1 de octubre de 2011

tostadas con zanahoria

se cortan un par de rebanadas de pan intgral y se tuestan. Encima se pone zanahoria rayada, un huevo duro bien picadito, unos ajos fritos en lonchas, un poco de sal, levadura de cerveza y un chorrito de aceite de oliva.

jueves, 22 de septiembre de 2011

ensalada del mar I

Esta ensalada es muy completa y sirve como plato único para una comida o una cena. Lleva lechuga, canónigos, rúcula, cebolleta, anillas de calamar a la plancha, mejillones cocidos (yo los compro congelados y voy sacando) y salmón ahumado. Para la vinagreta, crema de vinagre de módena que es muy decorativa, y aceite de oliva virgen. Y como toque final unas semillas de sésamo y levadura de cerveza.