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jueves, 12 de abril de 2012

sensación, pensamiento, conducta

Ayer tuve sesión con la psicóloga. Me habló del proceso por el que se llega a poner en marcha una conducta como es pegarse un atracón, o provocarse un vómito.

Primero es una sensación: puede ser una sensación de vacío, o de aburrimiento, que dispara el automatismo "¡hambre!¡comer!"; puede ser la sensación de plenitud después de haber comido, que dispara la alarma "¡demasiado! ¡llena! ¡gorda!".

Esta sensación provoca un pensamiento, el de hacer algo al respecto de esa sensación, y pone en marcha una conducta. Podemos pensar "voy a merendar" cuando sólo estamos aburridos, pero también podemos razonar que merendar no es lo que nos va a librar del desasosiego y que es mejor estudiar un rato. Podemos pensar "ya vale, ya he comido bastante" cuando estamos llenos, pero también podemos pensar "¡a la mierda! Ya total, voy a comer el postre gigante de chocolate, ya que voy a vomitar de todos modos...".

Al final, haremos lo que nos de la gana. Pero si dedicamos un momento de atención a identificar la sensación y a masticar el pensamiento, es mucho más fácil conseguir que la conducta que ponemos en marcha sea la correcta: la que no nos maltrata y sí nos cuida. A veces no nos damos cuenta y estamos ya en el tercer paso sin haber parado a sentir, a pensar.

Llevo un tiempo un poco despistada, como si mis sensaciones y pensamientos no fueran míos sino de otra persona. A la que tampoco hago mucho caso. Tengo que estar alerta a las sensaciones que puedan dar lugar a conductas automáticas, pararme a sentir y a pensar y no tirarme al charco del automatismo.

Después de tanto tiempo ya parecía que está la guerra vencida, pero no puedo despistarme. Así que retomo el blog y me invento una tabla de evaluación para mi registro de alimentos: la tabla SPC. Cada día pongo una nota a cada elemento: Sensación, Pensamiento, Conducta. Ayer: En estado de consciencia ampliada por la visita a la psicóloga, fue en general un día de sensaciones buenas, sin grandes ansiedades por meterme algo en la boca. Sólo al ponerme a hacer la cena, la barra de pan me miraba y me hacía ojitos. S8. Mi estado de alerta postpsicoterapia me ayudó a pararme a pensar en ello, "a ver, antes de comerte media barra mientras preparas la cena, ¿por qué no te vas comiendo una manzana?". P10. Y me comí la manzana y puse la cena y no me tiré al pan, o sea C10.

Ele, ele y ele. A lo mejor funciona. Simplemente para hacer durar un poco más el efecto estimulante de las terapia. Para no dejar de pensar en ello, porque mientras tanto está por aquí, y sólo si me despisto puede coger las riendas de mi conducta y estropearla.

jueves, 20 de octubre de 2011

meriendilla con pechuga de pavo

Otra meriendilla con tortita de maiz como base. Hoy le he puesto unas rodajas de tomate fresco con un poco de sal, unas hojas de rúcula y un par de lonchas de pechuga de pavo (fiambre). Riquísimo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

la olla

A veces me quedo bloqueada. En esos momentos no sé si mi cabeza es una olla express o simplemente está vacía, hueca y por eso no soy capaz de arrancar. Siempre es en un cruce de posibilidades, cuando podría ir a entrenar (quiero, y además debería y además lo agradeceré después), o ponerme a merendar (quiero y lo temo y sé lo que viene detrás) o irme al concierto con mi novio, que se va enseguida (quiero, y la vida de verdad es eso)... O esto o lo otro. Y ni una ni otra: me quedo parada como un muñeco sin cuerda repasando las alternativas a toda pastilla -te quedan 10 minutos para decidir, te quedan 5, al final va a tener que ser el atracón, joder, si es que lo estás deseando, cómo se te ve el plumero-. Cuantas veces me he quedado parada hasta que ya no había más que el atracón. En realidad había muchas más, pero a quien le importaban, estando la posibilidad del atracón solitario delante...

Durante el bloqueo no me quedo quieta todo el rato. Puedo estar quieta varios minutos pero a veces hago amagos de arrancar: cojo la bolsa de deporte, meto algo dentro y la vuelvo a dejar en el suelo y voy hasta la nevera, abro la puerta, la cierro, y me quedo mirando por la ventana, o picoteando un poco de pan...

En ese momento debería coger mi cabeza y meterla en un chorro de agua fría. Como se hace con la olla para bajar la presión. Pero como a la olla, a mí tampoco se me ocurre hacerlo por mí misma.

Poco a poco, hace ya muchos meses que en el cruce de posibilidades, cuando me quedo parada como un muñeco sin cuerda, en mi olla express ya no bulle la posibilidad del atracón. Puede ser ir a nadar o quedarme en casa viendo la tele, haciendo bici estática, leyendo en el sofá o haciendo el vago, incluso merendar algo antes, pero al menos no está en el menú el atracón. Hay una gran diferencia y de hecho los bloqueos son más breves y menos intensos. Y están mucho más espaciados. Tal vez la olla forma parte del proceso de la bulimia y con el tiempo desaparezca del todo. Qué parte soy yo y qué parte se irá sólo lo sabré con el tiempo. Con el tiempo todos somos otras personas. ¿Se me irá la olla?

jueves, 15 de septiembre de 2011

tortitas de maíz con queso fresco y rúcula.

Simple como un botijo. Se coge una tortita, se pone queso fresco encima, unas hojitas de rúcula y si estamos de buen humor se decora con un poco de albahaca. Es una meriendilla con ningún remordimiento y sabrosísima. Pinchos de estos me hago una variedad interminable, con estos y algunos ingredientes más y la tortita como base. Ya que hay que hacer 5 comidas al día, que no nos aburran. Antes me ponía de chorizo al microondas con queso hasta arriba y no hay color.